Estimadas familias de nuestra comunidad:

Les doy una afectuosa bienvenida a este nuevo año escolar. Cada inicio de ciclo nos invita a reflexionar sobre nuestro rol como padres y educadores. Este año, mi reflexión se detiene en una pregunta que nos desvela a muchos: ¿Podemos “entregarles” la felicidad a nuestros hijos? A menudo, en nuestro afán de protección, confundimos la felicidad con evitarles cualquier obstáculo. Sin embargo, la verdadera plenitud surge cuando un niño desarrolla la capacidad de integrarse armónicamente con el mundo que lo rodea. La verdadera felicidad parece estar más ligada a la capacidad de construir vínculos significativos y al desarrollo de una disciplina interior que nace del respeto. Para lograrlo, este 2026 queremos proponerles una mirada distinta, inspirada en la filosofía japonesa que hoy resuena más que nunca: el Omoiyari.

El Omoiyari no es simplemente empatía; es el esfuerzo consciente y activo por comprender al otro para no causarle ninguna molestia o daño. Se trata de una “disciplina invisible” que no busca el castigo, sino la armonía. Como bien señalan los expertos en civismo oriental, no se limpia una mesa o se guarda silencio por miedo a una sanción, sino por el deseo genuino de que el siguiente que llegue encuentre un espacio agradable.

En un mundo que a veces premia la inmediatez y el éxito individual, queremos que el Colegio Lirima sea un espacio donde la disciplina no sea un castigo externo, sino un acto de amor y convivencia. Inspirados en esta premisa, les invito a que este año trabajemos juntos en tres pilares para la educación de nuestros niños:

  1. La Disciplina como Acto de Amor: Enseñemos que seguir una norma no es una restricción a la libertad, sino un gesto de consideración hacia los demás compañeros y profesores. Nuestras acciones tienen un impacto en el entorno. “HAGO ESTO PORQUE ME IMPORTA CÓMO TE SIENTES TÚ”.
  2. Anticipación y Conciencia (Omoiyari): Practiquemos con ellos el ejercicio de mirar alrededor y la escucha activa. Preguntémonos en casa y en el aula: ¿Si dejo esto aquí, a quién complico? ¿Si hablo así, a quién lastimo? ¿Qué está sintiendo el otro? ¿Cómo puedo evitar causarle un daño innecesario? Educar en la anticipación es educar en la inteligencia emocional.
  3. Hacia una Felicidad Compartida: La ciencia y la filosofía coinciden en que no hay mayor fuente de bienestar que la pertenencia y el servicio. Al enseñar a nuestros hijos a ser ciudadanos “considerados”, les estamos entregando la herramienta más poderosa para ser felices: la capacidad de crear vínculos sanos y respetuosos.

Queridas familias, el 2026 será un año para cultivar el corazón. Si logramos que nuestros niños comprendan que su libertad termina donde empieza la necesidad del otro de estar bien, habremos formado no solo buenos alumnos, sino seres humanos excepcionales.

La educación es una alianza. Para que nuestros niños alcancen ese bienestar socioemocional que soñamos, el hogar y el colegio deben hablar el mismo idioma de respeto y validación mutua.

Bienvenidos a un año de respeto, responsabilidad, solidaridad, gratitud y mucho Omoiyari.

Con afecto,

Andrea Andreani
Directora.